El miedo, tu mejor amigo

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Conjugar las palabras “miedo” y “amigo” en una misma oración, puede sonar antagónico, incluso idiota. Desde niños hemos aprendido que el miedo es malo y que debemos evitarlo a toda costa. Pues quizá, es justamente esto es lo que nos ha hecho idiotas.

Dadas las varias décadas que muchos de nosotros hemos cargado, cual dogma, con la creencia de que el miedo nos hace daño y que obra en contra de nuestra tan ansiada felicidad, sería difícil resistirnos a la negativa connotación de la incomprendida palabrita. Y es por esto que en estas líneas reemplazaremos “miedo” por “Bob”. Así, Bob, sí puede ser tu mejor amigo.

¿Y quién demonios es Bob? Pues Bob es la diferencia entre la vida y la muerte, pero también la diferencia entre atreverse o no, entre ser alguien y ser un don nadie. Bob es el tipo de amigo que te puede ayudar a conquistar lo imposible para el común de los mortales, o humillarte, de la forma más vil y cobarde posible. Es el tipo de amigo –que todos tenemos-, que más vale tenerlo de nuestro lado.

Bob no es tan misterioso como la mayoría cree, sin embargo. Vive en nuestro sistema límbico y es en realidad pequeño, por no decir enano. Su nombre técnico es “amígdala”. Bob no es sino un diminuto ser, grande en sarcasmo, que disfruta haciéndonos la vida difícil y a veces hasta dolorosa. Lo que pocos saben, es que Bob no es así con todos… Para una pequeña élite de elegidos, Bob es un pan de Dios, es lo máximo, pues los impulsa a ser más de lo que son y a fabricar su propio destino, uno en el que el mundo parece ser su cuarto de juegos.

Con otros, con la gran mayoría, sin embargo, Bob es un hijo de mala madre. Un ser rastrero y despreciable, amoral y compulsivo, que siente tanto placer en hacernos daño, que lo hace, literalmente, gratis, 24 horas al día y 7 horas a la semana. ¿Se han preguntado por qué a veces, al despertar, sentimos angustia incluso antes de abrir los ojos? Es correcto, Bob.

¿Qué hacer entonces con este ser, doble cara y manipulador? Pues exactamente lo que hacemos con las personas doble cara y manipuladoras que son parte inamovibles de nuestro entorno: les sonreímos. Les sonreímos e invitamos a tomar un café, y dado que sabemos bien que son probablemente bastante más astutos de lo que nosotros jamás seremos, les pedimos su consejo. Y ellos, en su condición de interesados y convenidos egoístas, si van a pasar tiempo con nosotros, preferirán que nos vaya bien, pues cuando llegue la cuenta, querrán que les paguemos un buen café.

¿Y tú? ¿Qué clase de amigo es Bob para ti?