La fuerza de la Alianza, por Dionisio Romero Paoletti

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Sobre la cumbre de Paracas que concluye hoy y que representa el 40% del PBI de América Latina.
“La Alianza nos hace fuertes”, proclamó el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, el año pasado en un panel organizado en Nueva York por Michael Bloomberg, que reunió a los cuatro presidentes de los países de la Alianza del Pacífico. Hoy ocurrirá algo similar en Paracas: nuevamente se reunirán los presidentes Ollanta Humala, Michelle Bachelet, Enrique Peña Nieto y Juan Manuel Santos; y en forma paralela sesionará la Cumbre Empresarial de la Alianza del Pacífico, con la presencia de más de 500 líderes empresariales de la región. Nacida en el 2010 como un proyecto integrador liderado por el Perú con la participación de Chile, Colombia y México, la Alianza del Pacífico destaca por su pragmatismo, ambición y enorme potencial transformador. Y es que a diferencia de otras iniciativas de alcance restrictivo, este esfuerzo, impulsado directamente por los propios agentes económicos, se levanta sobre el sólido compromiso de las partes con la apertura comercial y su apuesta en favor de los mercados. La Alianza del Pacífico construye así un espacio de integración profunda en el que se busca asegurar la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas. De esta forma, el proceso aspira a apuntalar la competitividad del bloque frente a terceros, estimulando el crecimiento económico y generando mayor bienestar para los ciudadanos de los cuatro países. Con 216 millones de habitantes, la Alianza del Pacífico ya representa el 40% del PBI de América Latina, genera más de la mitad de sus exportaciones y absorbe casi el 46% del flujo de inversión extranjera directa. La Alianza es la novena potencia económica mundial, con ingresos per cápita anuales de US$10.000. Uno de los éxitos de este esfuerzo pasa por haber sabido perfeccionar los compromisos que unían a sus miembros través de distintos acuerdos de libre comercio, incorporando nuevos temas como el comercio de servicios, la protección de inversiones, las compras públicas y el libre tránsito de personas, entre otros. Ningún proceso integrador de la región ha llegado tan lejos, tan pronto. La Alianza del Pacífico crea un mercado ampliado de gran interés tanto para los inversionistas locales como para los internacionales, especialmente en sectores vinculados a la demanda interna. De este modo, potencia el crecimiento económico de sus miembros y, con ello, el incremento del empleo adecuado y formal, la reducción de la pobreza y la promoción de las oportunidades. Dos últimos argumentos sustentan la importancia de consolidar la Alianza y promover su profundización. En primer término, ser un bloque cohesionado brinda una mayor capacidad negociadora frente a terceros. Del mismo modo, la mayor integración densifica las relaciones entre distintos grupos, estrechando lazos de confianza mutua y propiciando el desarrollo de una identidad común más sólida, algo similar a lo experimentado por Europa durante el último medio siglo. Si bien los avances de la Alianza del Pacífico han sido notables, existen varias iniciativas pendientes para potenciar su desarrollo. La más urgente tiene que ver con la efectiva integración física. Otro ámbito de profundización es el de la armonización regulatoria y tributaria a partir de la adopción de los mejores estándares existentes para promover la competitividad y evitar las distorsiones que podrían surgir de tratamientos normativos e impositivos diferenciados. Esto último resulta especialmente cierto del sector financiero, y pasa por permitir que las emisiones de bonos y acciones registradas en un país puedan ser colocadas en todo el bloque sin aprobaciones adicionales. De igual modo, es necesario simplificar los requisitos para el listado de aquellas medianas o pequeñas empresas que se incorporan por primera vez al mercado ampliado de valores, facilitando además su colocación en todo el bloque. Finalmente, una de las grandes virtudes de la Alianza del Pacífico es su arquitectura abierta y la posibilidad que esta plantea para que otros países de la región y fuera de ella puedan sumarse a este esfuerzo, haciendo suya la visión de apertura competitiva al mundo que comparten hoy el Perú, Chile, Colombia y México.