“La gran tarea de la región es combatir la informalidad”

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José Juan Ruiz, economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), habla sobre los retos de América Latina.

América Latina es una región que no ha respondido a las expectativas mundiales. Su crecimiento sigue basado en las materias primas, sus esfuerzos de integración han fracasado y está sumida en la informalidad.

No obstante ello, aún está a tiempo de cambiar sus perspectivas a futuro, solo si se centra en reformas que le permitan mejorar su competitividad, según nos cuenta José Juan Ruiz, economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

— Usted es uno de los economistas del BID que ha dicho que el mundo no va a crecer tanto este año y eso impacta sobre todo en Latinoamérica. ¿Qué podemos hacer para que suceda lo contrario?
Yo creo que este tipo de temas debemos analizarlos en tres escenarios: el primero se desdobla en, llamémosle, dos historias, una en la que el mercado internacional nos tenga guardada una sorpresa y crezca en términos no previstos y la segunda en la que no importa el crecimiento porque será el año en el que se tomen decisiones que permitan una mejoría en el mediano plazo y de manera sostenida. El segundo escenario está referido  al espacio fiscal que tienen los países, el cual les permitirá adoptar medidas que mitiguen el impacto de este poco crecimiento. El tercer escenario tiene que ver con la tarea pendiente de la región de incrementar su productividad, que es la más baja en el mundo. Es por eso que es necesario que se adopten reformas urgentes.

— ¿Qué ha dejado de hacer la región para tener este bajo desempeño en productividad?
En mi opinión, la baja performance en este factor tiene cuatro componentes que se identifican fácilmente: lo primero es lainformalidad, expresada en que el 52% de los latinoamericanos no tienen un trabajo formal que les permita cotizar en el seguro social; le sigue la falta de habilidades necesarias para crear valor y esto es preocupante porque la cobertura de educación en América Latina se ha incrementado, lo que significa que la tarea pendiente es la calidad. El tercer componente es la falta de inversión en infraestructura, cuyo monto representa en promedio el 2% del PBI, nivel inferior al 3,7% que se invirtió en la década del 80. El cuarto punto es la falta de ahorro de los países de la región, cuya tasa media en relación al PBI se encuentra por debajo de los niveles registrados en el África Subsahariana. Es más, el país asiático que menos ahorra lo hace en un nivel superior al que más ahorra en Latinoamérica.

— Esto último que menciona es preocupante. ¿Qué datos numéricos lo confirman?
En estos momentos no puedo dar mucha precisión sobre el tema. Para el 2016 el BID se va a dedicar a estudiar profundamente esta materia y vamos a poder dar mayor detalle. Pero más allá de ello, tengo que decir que la falta de ahorro tiene implicancias muy profundas porque afecta al mediano y largo plazo. Imaginemos que un país tiene proyectos de infraestructura muy buenos porque van a impactar positivamente en la población en un horizonte de 20 o 25 años, pero luego se dan cuenta de que no tienen los ahorros necesarios para financiar nada, ¿cuál es la solución aparente? Ir al mercado internacional y tomar deuda durante las próximas tres décadas. Esta decisión puede ser muy buena, pero si la situación cambia, esa buena idea se convierte en vulnerabilidad.

— ¿Cuál cree que sea el principal motivo de este poco o casi nulo ahorro de los países latinoamericanos?
Una de las hipótesis que manejamos, y estamos haciendo encuestas para verificar, es que una parte del ahorro que no aparece en los libros existe en la informalidad. Recordemos que la informalidad no tiene acceso al sistema bancario y guarda recursos para defenderse en caso su negocio no resulte. Entonces creemos que el ahorro existe, solo que no está canalizado a través del sistema financiero.

— ¿Eso incluye al sistema de pensiones de los países de la región?
Así es. Sobre todo porque, al parecer, América Latina no tiene en su radar el envejecimiento de su población. Si sigue así, habrá consecuencias en lo político, social y económico.

FUENTE: EL COMERCIO