La venganza de los creativos

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Las personas creativas adoptan activamente ideas que son desconocidas pero contienen un potencial de desarrollo. Por fin, ser arriesgado, heterodoxo, original o simplemente disruptivo serán adjetivos valorados positivamente en los mercados laborales del mundo.

Según la OECD y el Foro Económico Mundial, ser creativo será una de las habilidades más demandadas en cuatro años y en los nuevos mercados cultivados bajo la sombra de la “transformación digital” o la “cuarta revolución industrial”. Por fin, ser arriesgado, heterodoxo, original o simplemente disruptivo serán adjetivos valorados positivamente en los mercados laborales del mundo y, evidentemente, también del Perú. Tal vez por ello adelantándose a las tendencias, el presidente Barack Obama acaba de proponer una visa para  “startuperos” o emprendedores digitales, que permita a los inmigrantes que creen empresas digitales vivir en Estados Unidos, siempre y cuando consigan una cantidad mínima de financiamiento para su compañía y empleen a un cierto número de  trabajadores. Riesgo y creatividad son caras de una misma moneda y si alguien tiene una idea loca mínimamente viable, hay que poner la mira sobre esa persona, porque es un activo valioso de cara a la construcción de una “clase creativa”.
Detrás de la visa “startupera” de Obama, está el razonamiento que también acompaña a los llamados barrios creativos, los llamados de vanguardia de Europa -tales como Grunerlokka en Oslo, Kallio en Helsinki, Norrebro en Copenhague o Kreuzberg en Berlín- en los que se forja, activa y consolida la llamada “clase creativa”. Y es que el futuro económico de las regiones lo pauta esta flamante clase social, opina el teórico del desarrollo urbano Richard Florida, autor de The Rise of the Creative Class. Su tesis: la creatividad se ha convertido en el gran factor de éxito económico; por establecerse en las ciudades del nuevo estatus dominante, que asu vez se instala en los grandes polos de las tres tes: Tecnología, Talento y Tolerancia. Para Florida, al día de hoy, los países del capital creativo son Australia, Israel, Canadá, Nueva Zelanda, Países Escandinavos y Gran Bretaña: sociedades abiertas, tolerantes, con centros universitarios y de investigación importantes que atraen a personas cualificadas y a la industria innovadora. Como que el “Valle del Silicio” tiene versiones más modernas.
Pero no todo es magia, pues el afianzamiento de esta nueva clase puede suponer brechas con el resto de la sociedad o la concentración de las personas con talento, altamente cualificadas y preparadas en determinados entornos “amigables” a ellos, por decirlo de alguna manera.
Junto a la creatividad, la OECD también destacó habilidades de más fácil desarrollo como el “pensamiento crítico” y la “resolución de problemas complejos”,siempre que la educación superior de hoy se aggiorne. Pero ¿y la creatividad?  ¿Se aprende a ser creativo? La economía del comportamiento considera que la creatividad es una decisión que explora nuestra actitud ante el riesgo. Las personas creativas deciden comprar a la baja y vender al alza en el mundo de las ideas. Comprar a la baja significa adoptar activamente ideas que son desconocidas o carecen de valor, pero que contienen un potencial de desarrollo. Vender al alza implica pasar a nuevos proyectos cuando una idea o un producto se ha valorado y produce una ganancia significativa. En el ámbito de las ideas una persona que compra a la baja, metafóricamente, quiere generar y promover ideas que son nuevas e incluso extrañas o desfasadas. Al adoptar esta actitud, las personas creativas desafían lo establecido (compran a la baja), y luego de haber persuadido a bastante gente, se mudan a la siguiente idea impopular (venden al alza). Si quiere ser creativo, empiece a analizar su comportamiento ante el riesgo. ¿Se arriesga o no?
Setiembre 2016
Autor: Maite Vizcarra