Las start-ups peruanas están en punto de despegue

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¿Cuánta distancia hay entre las star-ups peruanas y otras de ecosistemas más desarrollados?

 

Arturo Calle, CEO de Suruna, un emprendimiento peruano de inteligencia artificial para la selección de videos que ha sido incubado por Start-up Chile, cree que el perfil de una start-up depende de la fortaleza del ecosistema en el que nace.

En ese sentido el ecosistemaperuano, aunque en años recientes ha sumado mayor participación de agentes interesados en su desarrollo, todavía está muy enfocado en productos para Internet y dispositivos móviles, y en sectores como entretenimiento, turismo y tecnologías de la información.

La primera distancia que deben superar las start-ups peruanas es no depender de premios o de estar permanentemente en una incubadora o aceleradora de negocios, sin que el proyecto atraiga a inversionistas privados que tomen una participación y lo lleven a otro nivel.  “No vemos con malos ojos que un emprendedor  reciba un apoyo tras otro.

Si está avanzando va a necesitar capital en distintas etapas, eso es normal, lo que no está bien es que se quede en lo mismo y que solo viva de premios”, dice Alexander Gómez, director  ejecutivo de la aceleradora Wayra Perú. Además, cuando una start-up puede mostrar que ya tiene ventas y un pequeño mercado es una garantía adicional para recibir financiamiento.

En el programa estatal Start-up Perú, que entrega fondos no reembolsables desde el año pasado, se seleccionan proyectos en las categorías emprendimientos innovadores, para  los que se encuentran en una fase inicial, y emprendimientos dinámicos y de alto impacto. En esta última categoría están los proyectos que tienen un mayor grado de avance o que incluso ya facturan. Pero, ¿cuánto puede tomar que se note ese alto impacto?

“En el mundo de la innovación tienes que validar que tu idea inicial se convierta en algo nuevo, y por lo menos uno o dos años toma pasar de cero a algo”, dice Alexander Gómez. Aquí la palabra clave es validación del modelo de negocio. Es decir, que se pruebe que la innovación puede ser comprada y usada, y es un ciclo que puede ser más rápido o lento dependiendo del proyecto y de las condiciones del momento.

“Una vez que lo probaste y ya tienes clientes puedes decirle a un inversionista que necesita capital para escalarlo, promocionarlo, y llevarlo a otros países”.  Una start-up creada para funcionar en Internet escala muy fácilmente porque la plataforma que se usa es la misma. El costo de crecer en este caso es muy bajo.

Todo lo contrario pasa con las start-ups de alta tecnología. Si hay menos emprendimientos peruanos de este tipo en aceleradoras o en la mira para recibir financiamiento estatal o privado, no es solo porque históricamente la brecha en este tema es amplia entre el Perú y los países desarrollados, sino porque los responsables de estos proyectos no conocen que los asuntos de robótica o Internet de las cosas –la comunicación entre máquinas– pueden también postularse a Wayra o Start-up Perú. El reto está en que estas investigaciones lleguen a ser soluciones reales y comercializables.

Guillermo de Vivanco,  director de la red de inversionistas Angel Ventures Perú, cree que mientras más crece el ecosistema de innovación peruano y se amplían los campos de interés, se nota más el desarrollo de hardwares y de start-ups de alta tecnología. El problema es que para impulsarlo se necesitan más inversiones que para mover y replicar, obviamente, una aplicación para smartphones. Además hay que patentar estos desarrollos y en el país no es una fortaleza la protección de la propiedad intelectual.

FUENTE: EL COMERCIO