¡Qué lástima, pero adiós!

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Si hace años la estabilidad laboral era el paradigma dominante, hoy lo es el sueño de la empresa propia. Lo que en el pasado fue descabellado, hoy está en el ADN de una generación que repele los protocolos, la verticalidad y los jefes. ¿Qué perfil de talento está detrás de las startups?

Hay paradigmas que se pueden romper, como el que asegura que la estabilidad laboral es lo que necesitamos para sacar nuestra profesión adelante. Ese paradigma es, de alguna manera u otra, el que Jeff Bezos, CEO de Amazon, rompió cuando vio el estado donde estaba: decidió renunciar de una posición en Wall Street en 1994, para fundar una librería en línea, Cadabra.com, con una inversión inicial de US$ 300.000, resultado de sus ahorros, el apoyo de las 3F (friends, family and fans –aunque en el lenguaje coloquial de los emprendedores se suele cambiar el fans por fools–) y algunos allegados inversionistas.

Según Brad Stone, periodista de Bloomberg Businessweek, en su publicación The Everything Store: Jeff Bezos and the Age of Amazon, Jeff es de las personas que se niega a aceptar que el conocimiento convencional sobre cómo hacer las cosas sea estático. Al contrario, crea sobre la reinvención de las cosas, en este caso, de su carrera e, incluso, de las cosas más pequeñas. Fue sobre esa característica divergente que pronto Cadabra.com se transformaría Amazon y el Bezos de Wall Street se convertiría en el CEO de mejor performance en el 2014, según un ranking mundial elaborado por Harvard Business Review.

Esta historia, que bien podría leerse como fantasía de primer mundo, tiene mucho de realidad si reconocemos a algunos peruanos que también renunciaron a su trabajo para iniciar su propio emprendimiento: algunos de ellos, dentro del país; algunos otros, en el ecosistema más importante del mundo para la innovación y el emprendimiento, Silicon Valley. ¿Un ejemplo? Jaime Sotomayor, CEO y cofundador de Arcturus Bio Cloud (ver página 23).

UNA ÁVIDA MAYORÍA

El 70% de personas renunciaría a su trabajo para emprender su negocio propio, según pudimos descubrir en una encuesta liderada por nuestro aliado estratégico APTiTUS.com a 2.136 personas de entre 25 y 40 años: margen de edades que demuestra que esta actitud no es exclusiva de la generación ‘Y’.

Aunque la cifra es contundente, es también ambivalente, debido a que no revela la brecha entre lo que las personas solemos queremos hacer –en este caso, abrir una empresa– y lo que realmente terminamos haciendo. No hay una cifra determinante que confirme cuántas personas dan el gran salto; sin embargo, el ecosistema de emprendimiento en el país está siendo cada vez más amigable
y seductor para que el talento decida independizarse.

“Estamos en el tiempo perfecto para emprender. O las personas se suben al barco ahorita o en 10 años ya todo estará cubierto”, sentencia Emilio Rodriguez Larraín, presidente de la Asociación de Emprendedores del Perú. En su propio caso, él abandonó su trabajo en el sector de infraestructura y construcción para fundar la asociación y liderar la misión de facilitar la vida del emprendedor.

 “Una de mis primeras tareas ha sido desenmarañar la telaraña de oportunidades que brinda el gobierno para el emprendedor y me he encontrado con oportunidades de fondos que suman S/. 700 millones”, confiesa. Además, otros indicadores de que el ecosistema de emprendimiento está optimizándose, pasa desde una mayor cantidad de oficinas coworking en Lima hasta iniciativas gubernamentales, como la que hoy lidera el Ministerio de Producción a través de Innóvate Perú (ver página 26 como un ejemplo del financiamiento que ofrece con “Pasantías tecnológicas”) e iniciativas como la Asociación de Emprendedores del Perú (ver página 24).

De todas formas, si regresamos al 70% de personas que quieren independizarse, ¿qué estrategia tiene usted para la retención y gestión de quienes tienen el talento esencial para liderar su empresa en el futuro próximo?

HAY COLABORACIÓN; NO FRACASO

“El fracaso es un componente esencial de la invención: si sabes que va a funcionar, no es un experimento; y, si no es tu experimento, se pierde la pasión”, dijo Jeff Bezos, durante un discurso de graduación para Princeton University. Partiendo de este speech, hay dos puntos a destacar que forman parte del perfil de los emprendedores, según nos revelaron las entrevistas hechas para redactar este artículo: la primera es la demanda insatisfecha de pasión que quiere sentir el emprendedor por su trabajo y que las empresas no saben cubrir; la segunda es que el talento emprendedor entiende el fracaso como un componente más hacia el éxito, no como el final de un proyecto que no sirvió. La percepción actual del fracaso puede ser comparado con la idea trágica de la muerte como el fin: en el ADN de los verdaderos emprendedores, la muerte de un emprendimiento no es más que la transformación de su innovación hacia otro mucho mejor.

“Incluso, muchos inversionistas indagan en qué otros proyectos trabajaron antes los emprendedores para saber si amerita ser financiado. No importa si la startup funcionó o no, mientras más proyectos pasados tengan, los inversionistas lo verán con mayor experiencia si realmente aprendieron las lecciones”, explica Juan Alberto Flores, director de Ynnovadores, plataforma que nace con el reto de “descubrir, difundir y conectar” el talento de jóvenes
emprendedores.

“Sin embargo, un paso hacia la posibilidad de éxito que hemos visto en los talleres que impartimos es la renuncia a la zona de confort. Eso dispara la diferencia entre las startups enanas y aquellas que generan empleo, productividad y mueven la aguja de la economía a través de su emprendimiento transformacional. Y eso lo estamos encontrando en los jóvenes”, dice Flores.

Lo más común es que, contra viento y marea, aquellos emprendedores que apuestan todo por sus proyectos, o inician otro tras algún fracaso, optan por asesorarse, frecuentan focos de innovadores donde puedan empaparse de buenas prácticas, hacen networking, participan en iniciativas que brinden asesoría en el desarrollo de negocio, tal como lo viene haciendo Ynnovadores, y se alinean a asociaciones donde puedan aprovechar la información que se abre gracias a toda la cultura colaborativa
en la que comúnmente se desarrollan estos emprendimientos.

Un ejemplo de esta apertura al conocimiento compartido, por ejemplo, es que, a pesar de recién estar en etapa de formación, la ASEP ya cuenta con 600 emprendedores socios; de ellos, el 47% ya están trabajando exclusivamente en su emprendimiento; 20% aún trabaja en empresas y emprende en paralelo; y 18% ya está listo para iniciar su emprendimiento de negocio.

A pesar de ser parte esencial de cualquier negocio, la colaboración es otra de las prácticas en déficit dentro del mundo organizacional, según los entrevistados. Por eso, transferir su talento de una cultura organizacional jerarquizada y donde prima sobremanera la confidencialidad a una dinámica grupal donde lo único que no se comparte es la ropa interior, es sumamente atractiva y motivadora para el duro pero emocionante trabajo de emprender.

La economía colaborativa, en el caso de las startups vinculadas a la tecnología, ya no es un discurso intangible, sino se revela como un modo de trabajar de millones de dólares. Según el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la economía colaborativa hoy está moviendo un aproximado de US$ 26.000 millones y tiene un potencial para alcanzar los US$ 110.000 millones en el corto plazo.

“Quienes participan a título personal en este sistema basado en intercambiar y compartir bienes y servicios a través de plataformas electrónicas se embolsan más de US$ 3.500 millones al año”, señala el informe publicado en la revista Forbes.

En este contexto, las posibilidades de que su trabajador más talentoso sea capaz de abandonar su propuesta de valor como empresa es tan posible como la probabilidad de que usted no esté preparado cuando alguien de su pipeline de sucesión le diga que su gestión del talento ya lo ha hecho esperar mucho: que ya es hora de volar.

VACILACIONES POR SUPERAR

Existen causas que detienen a quienes empiezan a tantear su emprendimiento aún sin dejar la estabilidad de su trabajo. Un 23% de encuestados considera que el financiamiento y el pago de impuestos son las principales barreras para cualquier emprendedor y, por consiguiente, puede ser un determinante al momento de decidir no dar el gran salto. Para muchos, abrir una startup es, por sobre todo, de alto riesgo para su economía personal, cuestión por la cual un 56% de personas que trabajan declara que es la falta de presupuesto lo que los mantiene en sus empresas a pesar del deseo de sacar adelante su emprendimiento, revela, por su parte, la encuesta de APTiTUS.com.

Además, según los datos de la ASEP, la informalidad en el mercado (11%), el registro de la empresa (10%), y la competencia desleal y las trabas legales (8%) son dolores de cabeza que los emprendedores siguen aguantando, incluso, en aquellos que renunciaron y están trabajando en su proyecto. Al final, tal como dicen algunos emprendedores, ¿qué importa la tramitología cuando estás liderando tu propio negocio? Por supuesto. Por detalles como estos, nadie debería detener la posibilidad de alcanzar el sueño que le dio retorno a la pasión profesional de sus vidas.

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